Piñera a la baja: “El signo de los 13”

(por Hernán Francisco Villar Cárdenas)

Incluso a mí, un opositor reconocido y descarado de la gestión del actual gobierno me sorprendió la baja de 13 puntos en la aprobación del Presidente Piñera.

Pese a que mi poco desarrollado olfato político ya había detectado una baja en la popularidad del Presidente, no pensé en un bajón tan brusco, que lo deja con menos popularidad que la que tenía en septiembre de este año.

Las causas para explicar este desastre de popularidad son muchas, algunas más evidentes, como el fin del hecho político de “Los 33”, que saturó la prensa nacional e internacional, la intervención en las elecciones de la ANFP y la consecuencial renuncia de Marcelo Bielsa, hecho que irritó al futbolero corazón del chileno medio; la inexcusable demora en temas de reconstrucción, que ha dejado en evidencia la falta de pericia de los ministros en gestión pública y qué decir de gestión política (claros son los ejemplos del desaparecido ministro de Obras Públicas ¿acaso alguien recuerda siquiera cómo se llama? y de la ministra de Vivienda) y otras acciones y actuaciones con relevancia televisiva.

Pero hay otros hechos, que demuestran la línea ideológica del nuevo gobierno que ha comenzado a sacar ronchas entre los mismos votantes del “cambio”.

La mal llamada reforma a la educación, que no es otra cosa que un listado inconexo de anuncios en materia de educación municipalizada (básica y media), y alguna pinceladita a la universitaria, en la que se reitera el anuncio del discurso de 21 de mayo sobre educación gratuita a quienes opten a estudiar alguna pedagogía y que hayan obtenido mas de 600 puntos promedio en la PSU; el pésimo manejo del ministro de Hacienda en materias referidas a negocios bancarios (contratos atados) y la soterrada pelea con el Ministro de Economía, quien lo retruca y desdice cada vez que puede; el mezquino ofrecimiento a los funcionarios públicos, que ha movilizado a todas las reparticiones del aparto público de todo rango y pelaje, desde los municipales a la Asociación de Funcionarios del Poder Judicial, desde el Registro Civil a los funcionarios de las universidades estatales, sumado a los despidos masivos de funcionarios estatales afines a los partidos de la Concertación, son hechos políticos que dejan en claro esta línea ideológica: el apego al capital, la creencia cerrada en la capacidad del mercado como asignador de recursos y bienes, incluida la educación, y la certeza religiosa de que el aparato estatal es innecesario, estorboso y esencialmente corrupto, un nido de bolcheviques y agitadores sociales que no merecen el sueldo que reciben.

Pero todas estas creencias, hábilmente escondidas durante la campaña, afloraron en toda su pomposa majestad en las últimas semanas, generando descontento social y rechazo a políticas absurdas, y a la anunciatitis aguda de que sufre el gobierno, que no concreta nada. Al final de casi nueve meses de gobierno, “no hay papas peladas”, sólo anuncios.

La falta de credibilidad en el propio Presidente parece insinuar un sino trágico en este gobierno de los mejores, que no ha mejorado nada y que se hunde en su propia esencia de capitalismo, clasismo y autosatisfacción. Un Presidente sabio movería las piezas de su gabinete, un Presidente sabio sabría leer la realidad social, un Presidente sabio buscaría la forma de generar un épica social que guíe al país a un punto en el horizonte.

Pero este presidente solo anuncia.