El Karma de los perdedores

(por Daniel Eskibel)

En la política, como en la vida, también hay que saber perder. Sin embargo el 95 % de los políticos no lo sabe hacer. Una prueba irrefutable es que al día siguiente de la derrota salen a culpar a otros de lo que fue su fracaso. El menú de culpables puede ser muy amplio: los otros candidatos, la prensa, el poder del dinero, la maldita publicidad y principalmente los esquivos votantes que no terminaron de darse cuenta de qué era lo mejor para ellos. ¡Pamplinas!

Mi querido amigo político: con esa mentalidad nunca vas a salir de perdedor. Sólo vas a triunfar el día que descubras que, al igual que todos los candidatos perdedores, tú mismo eres sordo, ciego y mudo (escucho el murmullo de protesta de varios candidatos, celosamente orgullosos de su capacidad para escuchar a la gente, para ver la realidad tal cual es y, ¡Para hablar!).

Pero insisto. Sordos, ciegos y mudos. Busquen allí las razones del fracaso electoral (-estimado amigo- dice uno de ellos, -¿tienes alguna mínima idea de los miles de personas a quienes escucho a lo largo de mi actividad política?).

Lamento desilusionarte. Podrás reunirte con miles de personas, pero de lo que hablo es de escuchar realmente lo que dicen y lo que quieren y cómo piensan y especialmente cómo se sienten. En realidad la mayoría de los políticos escucha a los otros políticos, no a la gente de la calle. Y escucha a su círculo más estrecho, el cual muchas veces le construye con palabras una realidad virtual ajena a la otra realidad.

Además, como decían los griegos, “los dioses ciegan a quien quieren perder”. Fruto de su dificultad para escuchar, los políticos perdedores dejan de ver la realidad tal cual es. Ven lo que quieren ver, lo que cierra y calza con sus prejuicios, lo que sirve a sus estrategias. Ven solamente el mundo virtual, ese mundo de circuito interno habitado por dirigentes y periodistas especializados. Allá lejos, allá afuera, los hombres y las mujeres comunes los ven pedaleando afanosamente dentro de su burbuja. Por eso pierden (escucho la protesta de una voz que llega desde lo profundo de la burbuja: -digamos que tienes parte de razón, pero lo que no podrás decir es que somos mudos… ¡Por favor…! ¿Mudos nosotros!!?).

Parece claro que los políticos han recibido el don de la palabra. Pero eso no significa que se hagan comprender. Es más: la palabra política suele tener dos defectos congénitos.

El primer defecto es la carencia absoluta de síntesis. Hablan demasiado, creen que más es igual a mejor, quieren decirlo todo sobre todos los temas. Si a un político le dan 90 segundos, lo considera poco menos que una ofensa: “ese tiempo no existe, no da para nada, no se puede comunicar nada en tan poco tiempo”. Sin embargo 90 segundos es un tiempo larguísimo en una entrevista en el informativo televisivo de la noche. Y para un publicista 90 segundos es el tiempo como para emitir 4 avisos publicitarios con diversos temas (¡Una enormidad de tiempo!).

El segundo defecto es que se trata de un discurso egocéntrico, centrado en sí mismo, atrapado en el circuito interno de la política. Como no conoce al destinatario, como no ha escuchado adecuadamente a la opinión pública, su palabra no llega a destino y se pierde en el vacío.

Lo digo claramente: el político perdedor es mudo porque su hablar es un ejercicio vano, pura retórica, ademán sin sustancia. Su comunicación no convence, no llega, no ingresa a la mente del oyente que es el verdadero campo de batalla.

La inmensa mayoría de los políticos son perdedores. Para cada cargo electivo son muchísimos quienes se presentan para tratar de ganarlo, pero los que finalmente llegan son la ínfima minoría. Los derrotados perdieron antes de contar los votos. Perdieron porque no supieron comunicarse con el elector. Para comunicarse hay que saber escuchar, ver y hablar. Y los perdedores son sordos, ciegos y mudos.

Daniel Eskibel – Psicociudad
El cerebro del votante es un oscuro laberinto. La psicología política lo ilumina. Descubre el lado secreto de las campañas electorales en