La TV chilena como laboratorio de candidatos políticos

(por Octavio Morales Rojas)

El empujón mediático, ha sido clave para posicionar candidatos y aumentar las preferencias del electorado chileno, a unos les sirvió para evitar las primarias internas y a otros para generarle un gran problema a los equipos de campaña de turno. La suerte no está echada hasta que los medios deciden quién es su regalón.

El Casting Televisivo

Para algunas cosas no importa tanto quienes sean los dueños de nuestros medios nacionales, ni tampoco quienes lo dirigen, ya que si hablamos de candidaturas presidenciales exitosas, son ellos los que innatamente realizan el casting y deciden a quien entregar la notoriedad necesaria para que un candidato empiece a sumar en las encuestas nacionales o de modo contrario para que comiencen a restar, y no precisamente hundiendo a su elegido, sino que simplemente colocando otro sobre él y olvidándose un poco del anterior, ya que no estamos para candidatos repetidos. En Chile los hijos del casting político televisivo más simbólico fueron Lavín y Bachelet, y en menor medida Ominami, hasta ahora.

La noticia del cambio

Joaquín Lavin apareció en la campaña presidencial del año 1999, siendo el primer candidato de derecha -y popular- que le quitó grandes porcentajes de adhesión a la Concertación en Chile. Bendecido por los medios, consiguió toda la cobertura necesaria para poder ganar y logró llegar a segunda vuelta frente a Ricardo Lagos.

Saltó a la fama teniendo una exitosa administración como alcalde de Las Condes, obteniendo los mejores resultados de su sector. A pesar que representaba a un distrito electoral mayoritario de derecha y dirigió la comuna más rica del país, la gente no le dio importancia y los medios contribuyeron para que “El Viva el Cambio” fuese una de las campañas de oposición más dinámicas y cercanas al sillón presidencial. Su resultado desencadenó la época de las segundas vueltas en Chile e instauró varias costumbre, entre ellas una admirable, que cada candidato presidencial recorra exhaustivamente el país y conozca de Norte a Sur las necesidades del país.

Una mujer al gobierno

Año 2004, la ex Ministra de Justicia, Soledad Alvear ya era vista como una posible candidata presidencial desde la Democracia Cristiana. La Reforma Procesal que llevó a cabo fue un tema que la expuso considerablemente con los medios y la oportunidad de la mujer era un tema que la beneficiaba. En cambio Bachelet, como Ministra de Salud, no tuvo la misma cobertura y al comienzo, aunque tuvo serios compromisos, fue una más en la cartera de políticos del presidente Lagos. Ya después, como Ministra de Defensa empezó a crecer su popularidad a medida que los aciertos de la TV la acompañaban, mostrándola carismática, creativa, honesta y cercana.

Aprovechando el escenario político que entregaba la competencia entre Michelle y Soledad, puedo recordar que tuve la mala suerte de iniciar una tesis de género con algunos amigos sobre estás dos candidatas, pero el casting mediático y la sobreexposición de la elegida, la empujó a competir mucho antes que ella quisiera y mi proyecto murió mientras veía las imágenes de un café con las dos cuasi rivales decidiendo a quien le iría mejor.

El momentum mediático

Cada candidato tienen un momentum mediático donde logra posicionarse mejor en las encuestas. Un período temporal, que con trabajo personal y también de buenos asesores, logra encabezar las principales portadas, siendo objeto de análisis de columnas de opinión de periódicos y blogs, apareciendo como el entrevistado más requerido por los noticieros y manteniéndose -ante todo- como la cita obligatoria de todos los periodistas. Esa etapa es la más adecuada para imponerse como candidato. Obteniendo publicidad gratuita y en gran cantidad.

Bajo está lógica, todos los grandes políticos tienen buenos momentos y algunos únicos o de gran relevancia que logran enamorar por un buen periodo a una parte considerable de la ciudadanía. Impensable, Lavín desde la clase alta, logró enamorar a un gran segmento de las clases populares, mientras que Bachelet conquistó al electorado masculino en un país conservador y tradicional. Lo importante es mantener ese encantamiento en tiempo de elecciones y no permitir que sea opacado por otros protagonismos.

Si miramos hacia atrás, el momentum mediático de Bachelet fue construido con varios hechos y su biografía ayudo mucho en posicionarlo. Fue nombrada Ministra de Defensa, en un cargo tradicionalmente masculino. Hija de un militar que no fue protagonista de la dictadura, sino que víctima, la dejaba en una posición complicada de entender y con mucho que hablar. Bajo esta dirección dirigió la modernización más importante de las Fuerzas Armadas y su historia no fue impedimento para trabajar.

Por otro lado Lavín fue el candidato de derecha que se popularizaba, el que dirigía la alcaldía mediante encuestas ciudadanas, creaba planes alternativos de seguridad, bombardeaba nubes en tiempos de sequía para que lloviera, se sacaba una polaroid con cada chileno y podía transmitir esas ganas a todo el país. Los logros del candidatos fueron capaces de formar toda una generación de alcaldes y diputados que quitaron distritos simbólicos a la Concertación, pero a la vez ha sido capaz de ambigüedades tan extrañas como ser el primer aliancista bacheletista que rompe el ataque hacia el gobierno. Un acierto porque adivinó con tiempo la popularidad actual que tiene la presidenta.

Abajo del telón

Si pensáramos en razón de todo lo dicho, los pequeños candidatos o aquellos que no tienen el carisma necesario para atraer la atención, no tendrían mucho futuro en el escenario que construyen los medios chilenos y podemos llegar a decir que candidatos actuales como Arrate, Navarro o mucho menos, Zaldívar y Flores, no llegarían a cumplir –al menos este año- con el requisito que pide la fama mediática. Para alcanzarlo debería gastar una gran parte de recursos para imponerse, pero en Chile el contenido televisivo de propaganda pagada tampoco está permitido y sólo los medios alternativos como el Internet servirían como trampolín a nuevas propuestas. Del mismo modo, el hecho de funcionar como díscolos se complica mucho más cuando la percepción de héroes no se alcanzó a lograr y se ve más daño que beneficio en la misma izquierda.

Ante otros candidatos, Piñera es un candidato tradicional histórico que tiene el espacio que merece por la colectividad que representa y el tiempo que ha dado noticia, pero de enamorar a las masas como los casos anteriores es difícil de asegurarlo. Inclusive, tengo la percepción que tendrá serios problemas para encantar hasta final de campaña a los chilenos que ya lo apoyaban, o al menos los que eran señalados por las encuestas. Contra Lavín o Bachelet, hizo de todo frente a los medios, viajó, concurso en matinales, almorzó con periodistas, casi lo mata un gigante mamífero acuático, fue a partidos de futbol y cuanto evento que pudo ir, pero el tiempo pasa, hoy aparece desgastado y cansado.

Por otro lado, Bachelet, se artículo ella misma como un fenómeno individual que no deja herederos en su coalición, tampoco hay reelección presidencial, pero si sus políticas son bien evaluadas en próximo gobierno, no hay duda que la llamarán para el 2014.

El elegido de los medios

Ante una pregunta sobre si los medios son los que a través de sus resultados funcionan como laboratorios de casting y ayudan a colocar candidatos no tradicionales en el contenido de su programación, ¿Quién es el candidato mediático actual en Chile?:

Estaríamos antes varios problemas para responder, ya que la campaña actual empezó siendo la más aburrida de la historia chilena. Fuera de los partidos, apareció un pseudo postulante surgido desde algunas personas, este era Farkas, un millonario que repartía dinero y la gente lo vio como una esperanza frente a la excesiva brecha económica entre ricos y pobres, más crisis económica mundial que tanto abordan las noticias. El llamado no tuvo eco y sólo dejó un hijo nuevo en la farándula local, por el momento.

Hoy la Concertación, con serios problemas de liderazgo, tiene la campaña más difícil de su historia y deberá volver a utilizar los clivajes de la dictadura para aunar todos los votos que necesita para su elección. Las primarias concertacionista, mostraron las debilidades de la agrupación y tardaron su negociación, al final dejaron a un político tradicional en la competencia (Frei), a otro con esperanza para la siguiente (Gómez), y uno que a pesar de estar abajo, siguió algo molesto otro camino, como es Ominami. La desobediencia política que ha tenido la Concertación, no es menor, y en general da entender que son pretensiones personales que chocaron con otras pretensiones de la misma índole pero con más peso o apoyo partidario, lo que en resultado genera una fuga de búsqueda de cupos y poder político natural, que a veces suele tardar más de lo que piensan los díscolos.

El diputado Ominami, podría haber sido el candidato mediático que faltaba, hoy está en la noticia entre los díscolos, es la opción entre los que están en contra de Frei y también en oposición a la negociación tradicional de los partidos oficialistas, representa mejor a todos los que están afuera de la Concertación, sabe actuar frente a los medios, tiene la juventud que Piñera y Frei no tiene, pero quizás tardó en hacer su rebeldía. Lo positivo es que tiene la misma cobertura que los candidatos actuales de peso, sigue llamando la atención y está posicionándose, aunque recién en las encuestas, pero no hay que negar que el empujón viene de los medios.

Aunque la suerte no está echada, gané quién sea este año, los medios nos deben un candidato fuerte, mediático, que por fin gane en primera vuelta y con mucho margen de victoria. Quizás el laboratorio este trabajando en un mega candidato para que gane el casting, el verdadero Obama chilensis que todos buscan, el que no existe, uno que aprovechando la ley de inscripción automática de electores y con voto voluntario nos entregue el presidente más democrático de nuestra historia, el de todos los chilenos.